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La necesidad de contar con el centro

Alrededor del mundo existe una profunda necesidad de contar con soluciones pragmáticas basadas en un entendimiento informado sobre la pobreza y desigualdad como las causas (más que las consecuencias) de la inestabilidad política y económica y el malestar social.

Cerca de 2 mil 800 millones de seres humanos en el mundo – dos de cada cinco personas- viven con menos de 2.00 dólares americanos por día. Esto es una realidad para gran parte de Asia, Africa y América Latina, pero es también una verdad en Europa del Este y aún en algunos países desarrollados.

Estudios realizados por instituciones académicas y organizaciones internacionales han concluido que la pobreza no es simplemente tener necesidades básicas no satisfechas o ingresos bajos. También se caracteriza por no contar con igual acceso a los activos y oportunidades que proporciona la sociedad, y por pertenecer a un grupo social discriminado sobre la base de sexo, edad, condición física, credo religioso o antecedentes étnicos.

La persistencia de la pobreza en más del 50% de la población de América Latina puede ser explicada por la distribución desigual del crecimiento económico y la riqueza. Los estudios internacionales señalan a América Latina como la región con la mayor brecha entre los pobres y los ricos. Sin embargo, la desigualdad es mucho más que diferencias en ingresos y ganancias. Es también la desigualdad de habilidades y oportunidades. Los latinoamericanos son diferentes por desigualdades étnicas y de género y porque tienen acceso inequitativo a los derechos de propiedad, seguridad y justicia, educación y salud y oportunidades de negocios y mercado.

Por lo tanto, la desigualdad social en América Latina no es el resultado o consecuencia de los defectos en las democracias, los mercados económicos y el principio del derecho y su falta de efectividad para enfrentar la polarización social y política. Diríamos mejor, es la causa. Esta desigualdad social se ha institucionalizado en el tiempo, tiene raíces históricas dentro y entre la región y las regiones más desarrolladas y dominantes del mundo.

Esto explica porque el crecimiento económico entre los países de América Latina en los últimos 20 años no ha sido capaz de reducir sustancialmente el nivel de pobreza. Un estudio reciente realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en relación a cohesión social en América Latina y el Caribe, indica que mientras hay algún avance en áreas tales como educación primaria y equidad de género en el ingreso a colegios, en la tasa de mortalidad infantil, en la ampliación del suministro de agua potable y control de enfermedades contagiosas, la región está rezagada con respecto a la Meta de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas de reducir a la mitad la pobreza para el 2015.

Es también evidente que la lucha contra la pobreza no es responsabilidad exclusiva de las entidades gubernamentales dedicadas a temas sociales. La experiencia internacional muestra que si las políticas económicas y los sectores productivos son orientados a sostener el crecimiento de sectores con alto impacto en el empleo, tales como agricultura e industria de pequeña escala, se puede reducir más la pobreza.

Un estudio realizado, el año 2005, por el Banco Mundial sobre siete naciones de Asia también revela que los países con políticas dirigidas hacia una apertura controlada del mercado mundial, conjuntamente con inversiones gubernamentales significativas orientadas a reducir las barreras en la producción nacional, han reportado resultados positivos en reducir la pobreza, en contraste con países con diferentes tipos de restricciones en sus políticas económicas.

Muchos de los programas sociales en los países de América Latina ejecutados en 1980 pusieron énfasis en la infraestructura excluyendo la mayoría de otros temas, basados en la percepción que la pobreza era simplemente una falta de capital físico y en esa línea orientaron sus políticas sociales y programas. Las limitaciones en la reducción de la pobreza en América Latina, sin embargo, no pueden ser atribuidas exclusivamente a un defecto o falla de las políticas y programas sociales. Por el contrario, debe hacerse un examen de las consecuencias de las políticas económicas así como de las medidas que alienten inversiones en sectores de bajo empleo y otras que resultan en una distribución injusta de la riqueza y de desigualdades en el acceso al capital.

Aunque se han hecho esfuerzos importantes para entender y contrarrestar mejor las causas sistemáticas de la pobreza y la desigualdad, existen todavía retos importantes que deben ser enfrentados. Estos son retos que enfrentan no solo los gobiernos nacionales, también los regionales y locales, las organizaciones no gubernamentales, centros académicos, el sector privado y los ciudadanos. Superar la pobreza es una tarea que debe involucrar cada área de la sociedad civil desde su propio ámbito.

El objetivo del Centro es reunir habilidades del sector público, privado, sin fines de lucro y académicos, y de varios países y regiones alrededor del mundo, para analizar estos retos y para diseñar e implementar soluciones y alternativas prácticas para la toma de decisiones y guiar el cambio sistemático en las regiones en desarrollo.

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